Creo que es posible extraer de la última serie de eventos mediáticos negativos al menos una lección positiva. Hoy quisiera referirme a ese tema.
Existe un factor común en todos estos eventos desgraciados y lamentables: la mayoría de sus más conspicuos protagonistas es de orientación homosexual, en algunos casos pública y notoria, en otros velada o simplemente no conocida a nivel público.
Sin embargo, por una vez nuestros medios locales de comunicación masiva no han caído en la fácil tentación de satanizar la homosexualidad ni de hacer jugar el “factor sexual” dentro de las hipótesis que necesariamente se tejen en torno a las causas o los supuestos culpables o implicados.
Quisiera pensar que este nuevo tipo de tratamiento de las noticias se da por razones de apertura mental más que por la trivialización de la sexualidad (homo y hetero) que parece plagar muchos contenidos periodísticos. La consulta con algunos profesionales de la psicología por parte de ciertos periodistas permite abrigar esperanzas al respecto.
La conclusión es que en el Perú del siglo XXI ya no es socialmente aceptable —como sí lo era antes— hacer gala de estereotipos y prejuicios sobre la homosexualidad para culpar o exculpar a alguien. Tampoco, como se hacía décadas antes, es aceptable silenciar o “cubrir” las circunstancias de un delito apelando a una falsa noción de “pudor” social sólo porque los implicados son homosexuales.
¿Será que nos estamos acercando un poco a un Perú algo más racional e igualitario?
El mismo título de esta nota implica al menos dos supuestos:
Existen al menos dos niveles en los cuales los contenidos mediáticos pueden ser tóxicos: en primer lugar existe una reacción primaria, instintiva y afectiva, en la cual la idea de una congresista que insulta prepotente e injustamente a una policía, una cantante siendo asesinada a cuchilladas por encargo de su pareja, o un clan que asesina a seres humanos para extraerles la grasa corporal y venderla (por sólo citar algunos ejemplos recientes) nos genera una cadena impresionante de emociones negativas: ira, temor, odio, etc. 
